viernes, 1 de mayo de 2015

NUMERO 134 / MAYO-JUNIO 2015

EDITORIAL

Legitimidad

Se ha definido la Legitimidad como “la justificación intrínseca del poder y su ejercicio”. El poder se legitima sin más. No hay grupo humano que no tenga a su frente alguien que lo rija, individual o colegiadamente. La legitimidad se refiere al órgano que ejerce el poder y al modo con que lo ejerce.

La más bella definición de democracia dice que es “el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo”. Paralelamente proclamamos la Monarquía Tradicional como “el gobierno del pueblo, para el pueblo y por una familia secularmente consagrada al servicio del pueblo”. El fallo de la democracia está en ese “por el pueblo” final. La realidad demuestra que el pueblo no ejerce, ni ha ejercido, ni ejercerá nunca el poder. Siempre interviene una persona o un grupo reducido.

Arguyen los demócratas, que esa persona o grupo son elegidos por el pueblo, cuya  voluntad les confiere la legitimidad. Contestamos nosotros que la voluntad del pueblo es la que confiere a esa familia el derecho (más bien el deber) de gobernarle. Es una voluntad que no se expresa mediante urnas, sino con la adhesión secular con que el pueblo viene gritando “¡Viva el Rey!”.

Nuestra Monarquía surgió en los primeros tiempos de la Reconquista. Cualesquiera que fueran los conflictos por los que atravesó, se resolvieron en España. Se cristalizaron en una ley de sucesión que eliminaba toda duda sobre quién debe ser la persona de esa familia que debe ejercer el poder.

En la designación del poder democrático interviene el pueblo. Pero de manera ciega. Vota, sí; pero sin saber a quién vota y por qué vota. Los candidatos, entre los que puede elegir han sido ya designados. No sabemos por quién. En la gestación y nacimiento de la actual democracia española participaron numerosos poderes, grupos de presión, que nos dijeron “habla, pueblo,  habla”, cuando la realidad era que nos mandaban repetir un papel que nos ponían delante.

Un estudio minucioso del proceso y de los protagonistas que lo forzaron nos habla de la aceptación de potencias extranjeras, del apoyo de grupos financieros y de la cooperación de élites políticas. El atento examen de lo que hoy sucede nos muestra un gobierno que recibe órdenes de fuera y las cumple. Esto es “el gobierno del pueblo” pero no “para el pueblo”, sino para poderes ocultos y no “por el pueblo”, sino por los lacayos de esos poderes.

El gobierno de la Monarquía Tradicional sería muy malo, según nos dicen los demócratas de hoy. Pero la democracia que padecemos es mucho peor, de acuerdo con lo que estamos viviendo. Por eso seguimos defendiendo la LEGITIMIDAD.

Tema de portada:
Nuestros articulistas Carlos Ibáñez Quintana, José Fermín Garralda y José Miguel Orts reflexionan sobre la Monarquía Tradicional y el papel del Legitimismo en el siglo XXI. Se aporta también el contexto histórico necesario para entender la lealtad de los carlistas a la conocida como Dinastía legítima.

Actualidad:
¿Esto es la democracia? por Santiago Arellano
El cooperativismo, una alternativa en tiempos de crisis, por Carlos Veci              
¿Qué corresponde hacer al Carlismo en esta coyuntura?, por Luis Ignacio Amorós
Por qué es peligroso mezclar la religiosidad y la política, por Antonio Rivero

Páginas centrales: Childerico III, el último  holgazán. por Miguel Angel Bernáldez

Vida Tradicionalista:
(Valencia). Aplech de Bocairent
Festividad de los Mártires de la Tradición / Festividad de los Mártires de la Tradición en Cataluña
(Navarra). Dos actos por la vida
(Andalucía). Quintillo 2015
El carlismo triunfará por el trabajo, por Antonio Rivero

Historia y Cultura:
(Tradición). Los retratos de Felipe II
(Historia). Y don Juan se burló de ellos, por Carlos Ibáñez Quintana
(Historia). Los otros holocaustos silenciados. El genocidio armenio
Charles Péguy desde el frente, por Alonso Blanco
(Libros). Crítica de libros. Dinero, demogresca y otros podemonios / La comedia humana
Y los sueños, cine son, por Pablo Úrbez

Varios:
Que alguien haga algo. Por Javier Garisoain
BAZAR CARLISTA
AGENDA.

domingo, 1 de marzo de 2015

NUMERO 133 / MARZO-ABRIL 2015

EDITORIAL

¡Nada sin Dios!

Eran años de confusión. El liberalismo infiltrado en la Iglesia atacaba fuerte. Su voz se imponía en las sacristías. Interpretaciones sesgadas del Concilio Vaticano II parecían darle la razón. Los carlistas nos veíamos solos, abandonados. Nuestras anteriores fórmulas eran debeladas. No ya la conocida Unidad Católica. La misma confesionalidad del estado era negada. Cierto que los tiempos y, con ellos, la sociedad habían cambiado. No podíamos mantener las formulaciones jurídicas de un siglo atrás.

En esa confusión salió una voz contundente: ¡NADA SIN DIOS! Era el grito de quien se acoge a la última trinchera, seguro que de ella nada ni nadie le pueden desalojar. En efecto: por mucho que el liberalismo católico se estruje la mente, jamás se atreverá a combatir el ¡NADA SIN DIOS! Sería despojarse del disfraz con que, con tanto cuidado, oculta sus verdaderas intenciones.

Dios existe. Ha creado al hombre como ser social y le ha dado unas leyes para que viva en sociedad. Más aún se ha hecho Hombre para redimirnos y ser para nosotros Camino, Verdad y Vida.

Eso es objeto de nuestra Fe que, por desgracia, no todos comparten. Eso es una realidad aunque sean muchos los que no creen en ella. Y como realidad, no es racional vivir a espaldas de ella.

De la Redención se han derivado muchos bienes a la humanidad. Incluso en el orden natural. No podemos prescindir de ellos. No queremos que se priven de ellos los que no han tenido la suerte de ver la Verdad.

Su Santidad el Papa nos lo ha dicho bien claro en su Encíclica “Lumen Fidei”: ¿Seremos en cambio nosotros los que tendremos reparo en llamar a Dios nuestros Dios? ¿Seremos capaces de no confesarlo en nuestra vida pública, de no proponer la grandeza de la vida común que Él hace posible? La Fe ilumina la vida en sociedad.  

El lema del laicismo imperante es el contrario: “todo sin Dios”. Y lo  van consiguiendo a la vez que España se acerca más a su ruina: paro, hambre, inmoralidad, latrocinios institucionalizados… Es lo que impera cuando se va cumpliendo el plan de los que hoy triunfan y se rebelan contra Dios.

Tema de portada:
Nuestros articulistas Santiago Arellano, Antonio Rivero, Carlos Ibáñez Quintana y Miguel Ángel Bernáldez reflexionan sobre la presencia de Dios en la sociedad española, el integrismo, la militancia católica y la principal carencia del partido PODEMOS.

Actualidad:
Los planes de Andres, por Ignaz von Eberwald
Lo que da de sí el mercado del voto, por José Miguel Orts
El Papa no quiere un partido católico, por Carlos Ibáñez
Podemos y el márketing del siglo XXI, por Paco Segarra
Borrokas, por Carlos Veci
A vueltas sobre el aborto, por Esperaindeo
¿Es que no se puede ser no ser capitalista sin ser comunista?, por Daniel Marín
Los troncos talados no tienen raíces, por Juan Antonio Darder
Sobre las juventudes carlistas, por Nicolás Pastor
La exigencia moral en la política, por Antonio Colomer Viadel

Páginas centrales: El dos de mayo, hombres de palabra. Oor Miguel Angel Bernáldez

Vida Tradicionalista:
Los carlistas ante el atentado islamista de París
Los carlistas ante la persecución a los cristianos en Oriente Medio
Celebración del día de la Monarquía Tradicional 2015
Día de la Juventud Carlista del Reino de Valencia
La encrucijada de Navarra, por José Fermín Garralda

Historia y Cultura:
(Tradición). El Sagrado Corazón, La Madre Rafols y Don Alfonso Carlos. Por el Caballero de las Lises
(Tradición). ¿Religión? ¿Historia? Por Fernando Díaz de Bustamante
(Historia). Sobre las raíces del Carlismo valenciano, por José Miguel Orts
(Entrevista). Álvaro Guzmán, presidente del Club Chesterton de Murcia
(Libros). Elegir colegio, educar en libertad. Autor: Pablo Sagarra
Y los sueños, cine son, por Pablo Úrbez

Varios: 
Que alguien haga algo. Por Javier Garisoain
BAZAR CARLISTA
AGENDA.

jueves, 1 de enero de 2015

NÚMERO 132 / ENERO-FEBRERO 2015

EDITORIAL

Contra la corrupción: ¡Tradición!

Decían las Ordenanzas Militares de Carlos III: “El Oficial cuyo propio honor y estímulo no le movieran a obrar bien, no sirve para mis ejércitos”. “Propio honor”, en un tiempo en que era común la creencia de que “el honor es patrimonio del alma y el alma solo es de Dios”. El honor era una manifestación de la presencia de Dios, en la conducta de los hombres. Hoy, el sistema liberal ha suprimido a Dios de la vida pública. El honor se ha vaciado de contenido. Es más: para amplios sectores de la sociedad es un concepto burgués y por burgués digno de desprecio.

El tan extendido concepto del honor no era suficiente en aquella sociedad preliberal. Además había instituciones humanas que invitaban a vivir con honor. El Juicio de Residencia, al que eran sometidos los cargos públicos al terminar su mandato, también “movía a obrar bien”. Luego las constituciones liberales suprimieron el Juicio de Residencia.

El estado de bienestar cuida de nosotros desde la cuna hasta la tumba. Ha ocupado el  papel de la Divina Providencia suprimida de la vida pública. Nos cuida con tanta solicitud que hasta provee muchas necesidades que, naturalmente, deberían ser provistas por cada uno o por la sociedad.

Pero para ello necesita muchos recursos. Por eso los adquiere cargándonos de impuestos. Esos recursos son administrados por los políticos. Los políticos son elegidos sin ninguna selección. Es político cualquiera que se preste a ello. En muchas ocasiones quien no sirve para otra cosa. De este modo no es extraño que abunden entre ellos quienes desconocen el honor. Ya tenemos mucho dinero y poder en manos de esa clase de hombres. Dada la forma en que se han seleccionado: ¿nos puede extrañar que usen el poder y el dinero en su beneficio personal?

Poder y dinero nos atraen a todos. Son una fuente de tentación. Entre las pocas cosas que el Salvador nos dijo que debíamos de pedir al Padre está el “no nos dejes caer en la tentación”. Pero muchos de nuestros políticos alardean de desconocer ese Padre. Consideran una puerilidad esa petición tan importante. ¿Nos puede extrañar que caigan en la tentación?

La movilidad en los cargos políticos, propia de la democracia, agudiza la codicia. Se atribuye a la madre de Napoleón la frase “mientras esto dure”. Los cargos son apetitosos. Su permanencia en ellos no está asegurada. Las oportunidades pasan. Son como las liebres para los cazadores: si no disparas cuando las tienes a tiro te quedas sin ellas.

Todos nos lamentamos de la corrupción que ha alcanzado una extensión de escándalo. Nosotros nos limitamos a indicar sus causas. Los españoles tienen la palabra. Si persisten en mantener la democracia tendrán corrupción. ¿Es que no hay corrupción con otros sistemas políticos? Sí, la hay, pero no goza de impunidad.  

Se presenta el nuevo director

Tema de portada:
Charlie Hebdo y la corrupción en España. Por Santiago Arellano
Ante algunos que dicen que son Charlie, por Javier Garisoain
También esto es corrupción. Por Carlos Ibáñez Quintana
La burbuja inmobiliaria, por Nicolás de Saracho

Actualidad:

"Seréis como dioses". Por José Miguel Orts
Feminismo, por Valerio Optimo
El liberalismo contra las Obras de Misericordia. Por Carlos Ibáñez Quintana
Familia y salarios justos. Por Daniel Marín
La religión y la tabla periódica de los elementos, por Esperaindeo
¿En qué consiste lo de las "carreras universitarias de 3 años"?
¿Qué es eso de los fueros? Por Jaime Alonso

Páginas centrales: Kerkaporta. Por Miguel Angel Bernáldez

Vida Tradicionalista:
Manifiesto de la Comunión Tradicionalista Carlista con ocasión del Acto Nacional del Cerro de los Ángeles
Llamamiento a los vecinos para la constitución de candidaturas independientes. Nota de prensa
Sobre la enseñanza de la religión islámica en nuestras escuelas. Nota de prensa
Contra el aborto: justicia social y participación vecinal. Por Carlos Veci
Las aspas, símbolo contra la corrupción.
A los Jóvenes.

Historia y Cultura:
(Tradición). Notas de un obrero. Por Ginéz Martínez
(Tradición). Dejad toda necia esperanza. Por Luis Hernando de Larramendi
Dos lecciones de Valle-Inclán para los carlistas. Por Alonso de Blanco
A los 200 años del nacimiento de Antonio Aparisi y Guijarro. Por José Miguel Orts
Testimonio de un requeté burgalés
¿Por qué soy carlista? Por Nicolás Pastor
La prensa libre, de Hilaire Belloc
Y los sueños, cine son, por Pablo Úrbez

Varios:
Que alguien haga algo. ¡Confiésate! Por Javier Garisoain
BAZAR CARLISTA
AGENDA.

sábado, 1 de noviembre de 2014

NÚMERO 131 / NOVIEMBRE - DICIEMBRE 2014

EDITORIAL

Vecinos: política municipal y municipalismo

No somos CIUDADANOS. Somos VECINOS. Cuando uno, para significar su papel en la vida pública, se define como "ciudadano" está describiendo la situación insana y antinatural que se produce cuando se considera a cada ciudad como una mera masa de individuos. Pretendiendo resaltar la peculiaridad de cada individuo los ciudadanistas allanan el camino de todas las tiranías posibles. No se dan cuenta -o sí- de que al ciudadano lo delimitan los ladrillos y la burocracia. Al vecino, en cambio, lo constituyen como tal las personas que le rodean, su prójimo. Un ciudadano es reemplazable por definición. Un vecino más difícilmente.

Ser "vecino" es proclamar con cordura la realidad innegable de que la ciudad se construye casa por casa, familia por familia, calle por calle, tejiendo una red de infinitas relaciones vecinales. En una ciudad o en cualquier otra comunidad política mayor así construida quien esté en la cúspide podrá dirigir, ordenar y arbitrar, pero jamás suplantar la libertad concreta ni manipular el bien común de la vecindad.

La política municipal lleva décadas adulterada por el sistema liberal porque se han empeñado en que sea como una fotocopia reducida de las grandes luchas partitocráticas. Gobierno-Oposición... Derecha-Izquierda... da igual que se trate de un villorrio de cincuenta vecinos. Lo importante es ganar: que ganen "los nuestros". No hay respeto por la vida de los pueblos o los barrios. En el mejor de los casos los partidos consideran a estas familias de familias como meros peldaños en su particular conquista del poder, banderitas para pinchar en un mapa de estrategia infantil.

El retorno del sentido político común tradicional, en la medida que sea recuperable, llegará como la victoria contra Napoleón, casa por casa, calle por calle. A reflexionar sobre esta posibilidad se dedicó el último Foro Alfonso Carlos I. No se pierdan las razones por las que hemos llegado a estas conclusiones: recuperar el patrimonio municipal; unidad espiritual para cada pueblo; bien común y no interés general; todos unidos, no partidos; espíritu de servicio; paz y bien para todos; libertad; freno al endeudamiento; austeridad; responsabiliad; subsidiariedad y cumplimiento de la palabra dada (mandato imperativo)... ¿Les parece poco?


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Tema de portada
El municipio, principio y escuela de la vida política. Por Carlos Ibáñez Quintana
El municipio en España antes y después de las constituciones del modelo político liberal. Por Santiago Arellano
Una nueva desamortización está en marcha. Por Carlos Veci
¿Puede haber una Sanidad pública en el sistema tradicional?. Por Luis Ignacio Amorós
La economía en el municipio. Por Nicolás de Saracho
Reacción vecinal. Por Carlos Veci

Actualidad
El PP frena la ley (abortista) de Gallardón. Por Jorge Peño, Delegación Carlista de Vida y Familia
Biocombustibles: ¿Bio-propaganda o bio-estafa? Por Fernando López de Prado

Vida tradicionalista
El municipio como expresión social y ejercicio de libertades. XVI Convocatoria del Foro Alfonso Carlos I. Por José Fermín Garralda
El poder viene de Dios. Una instrucción para los carlistas. Por C.I.Q.
La soberanía popular. Por Zortzigarrentzale
Si Maragall calla, algo tiene en la garganta. Por Jaime Arriaga

Varios
Libros: "Morir bajo tu cielo", de Juan Manuel de Prada. Por C.I.Q.
Que alguien haga algo. ¡Empadrónate! Por Javier Garisoain 
BAZAR CARLISTA

lunes, 1 de septiembre de 2014

NUMERO 130 / SEPTIEMBRE - OCTUBRE 2014

EDITORIAL

Jóvenes carlistas: la Tradición del siglo XXI

Por encima de mitos, estereotipos y mentiras aduladoras la juventud es lo que es: una estación de la vida, unos años críticos en la trayectoria personal, una época en la que se completan los estudios, cuajan las vocaciones, se van trocando los exámenes escolares por las pruebas inevitables de la vida adulta. Los que miran al Carlismo desde los libros de historia se creen que los carlistas nacemos ya viejos. Nosotros mismos, por el contrario, en algunos momentos de euforia, hemos sentido hervir la sangre como si fuera nuestro Ideal un elixir para la eterna juventud. La realidad es que los carlistas, servidores de una tradición admirable -poseedora de aquella grandeza de las viejas catedrales que decía Valle-Inclán- somos gente normal. Hay entre nosotros niños, jóvenes, maduros y ancianos. Pero si se nos compara con otros movimientos políticos y si se revisan las fotografías de nuestras reuniones se verá que aún hoy en día conservamos los carlistas algo de "pueblo", un ambiente familiar, intergeneracional, en el que los jóvenes ocupan su puesto con aplomo y mucha normalidad. Otros movimientos, que nacieron o nacen como brillantes explosiones generacionales habrán sido útiles para hacer podas, revoluciones o escabechinas. Los jóvenes liberales, las idealistas comunistas, los fascistas futuristas, los hippies del 68, las tribus urbanas... todos los neos de las mismas viejas ideologías no sirven mas que para acometer tareas de derribo. Para construir la vida social, sin embargo, hace falta la perspectiva de jóvenes arraigados, patriotas de sus padres y abuelos, que no quieran ser meros ciudadanos de una generación sino eslabón de una cadena que las une a todas en el tiempo. La tradición política de Las Españas está ahora bajo mínimos, como una brasa que palpita bajo la ceniza y el frío. Se alzará cuando Dios quiera, pero no será por una moda juvenil sino obra de todos. Mientras tanto, tengan la edad que tengan, los carlistas seguirán manteniendo la esperanza de una España fiel a sí misma, sin partitocracia, en la que las políticas juveniles -y las educativas- dejen de lanzarse como los caramelos de los Magos y se acometan como parte de una política más amplia, ordenada, sostenible, difícil y por tanto ilusionante.

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Tema de portada:
Hay futuro. Por Pablo Sagarra
Un paso más. Por Nicolás Pastor
No tenemos armas. Por Antonio Rivero
No necesito el feminismo... Por una margarita
La homologación de los títulos universitarios españoles previos a Bolonia con los extranjeros. Por Fernando López de Prado

Actualidad:
Después de la concepción viene la infancia. Por Jorge Peño
Algunas citas de la encíclica "Lumen Fidei", del Papa Francisco... ¡En contra del liberalismo!. Por Redacción
Comentarios sobre la familia en base a una frase de Benedicto XVI. Por Benigno Blanco, presidente del Foro Español de la Familia
Eucaristía social. Por Juan Antonio Darder Colom
Los extranjeros poseen el 40,1% de la bolsa española. Por José Bustinza
Os habeis forrado, ¡Enhorabuena! Por Carlos Ibáñez Quintana
Y los sueños cine son. Por Pablo Urbez

Páginas centrales:
El liberalismo explicado a mi nieto. Por Carlos Ibáñez Quintana

Vida Tradicionalista:
Muchas gracias Reino de Valencia. Por Vocalía de Juventud de la CTC del Reino de Valencia
Campamento Cruz de Borgoña 2014. Por José Millaruelo Frontela

Historia y Cultura:
Oración para todos los Hispanohablantes. La deberíamos rezar todos los que hablamos español. Por Manuel Morillo
La juventud española. Por Carlos Miralles (publicado en la revista Tradición en enero de 1933)
Un nuevo dieciocho de julio. Por Zortzigarrentzale
Visita guiada a los reductos de Monte Esquinza. Por Redacción
Los Carlistas ante la II Guerra Mundial. Por Redacción
Salida colectiva a Codo 2014. Por Redacción
Libros: Las Guerras Carlistas en la montaña palentina. Por Redacción
Libros: Francisco Canals Vidal: "Catalanismo y Tradición catalana". Por Guillermo Elizalde
Evocación de la Amistad. Por Santiago Arellano

Varios: 
Que alguien haga algo. ¡Estudia! Por Javier Garisoain 
BAZAR CARLISTA

martes, 1 de julio de 2014

NUMERO 129 / JULIO - AGOSTO 2014

EDITORIAL

Sociales, no socialistas


El socialismo es un hijo legítimo aunque rebelde del liberalismo
Dicen que hay amores que matan y eso es lo que les pasa a los liberales, que maltratan a su "diosa" libertad cuando desprecian las leyes naturales; y a los socialistas, cuando asesinan la riqueza espontanea de la vida social a fuerza que procurar tenernos entre algodones . Será porque aman demasiado pero lo cierto es que la sociedad, como todos los seres superiores de este planeta, necesita una cosa ante todo: oxígeno, aire libre, confianza.
Tanto como se critica desde la progresía el concepto de limosna y resulta que, al fin y al cabo, ese es el modelo preferido de los nuevos salvapatrias: el subsidio, la subvención, la beca, las ayudas, el dirigismo, la planificación, la inspección... Con la diferencia de que la buena limosna es gratis y sin contraprestaciones, se da bien sin mirar a quién, se entrega con la mano derecha mientras lo ignora la izquierda. Pero ¡ay! en cambio de los beneficiarios del Estado total. Hasta del último céntimo habrán de dar cuenta.
El socialismo es un hijo legítimo aunque rebelde del liberalismo, es una huída, una locura juvenil, un empeño que pretende acabar de forma artificial con los abusos de un mal padre sustituyéndolo por un ninot grotesco que ni es padre ni tiene alma. El socialismo se llena la boca de democracia y de pueblo, de justicia y de solidaridad pero no reconoce la vieja democracia hispánica de los vecinos libres; y no le gusta el pueblo cuando es un pueblo cristiano; solo entiende por justicia el orden que surge del politburó. Y la solidaridad quedó abolida cuando llegaron los “solidarios” al poder. ¿Por qué dejar algo tan importante en manos de los pobres proletarios?
El antídoto contra el socialismo no puede ser, por tanto, el viejo error liberal sino el más viejo aún, y más sabio, Derecho Público Cristiano. Es necesario que alguien rompa -y desde esta pequeña revista hacemos lo que podemos- ese debate pobre y simplista que todo lo reduce a un dilema entre lo público o lo privado; la justicia o la libertad; la empresa pública o la sociedad anónima; el colectivo o el individuo. Pero eso solamente se conseguirá si, con la ayuda de Dios, logramos que se abran paso conceptos absolutamente novedosos como la familia, el vecino, los hermanos, la persona, la propiedad, el bien común, los comunales, los cuerpos intermedios... o el carlismo. Todas aquellas cosas que, sin necesidad de ideologías enrevesadas, responden a una verdadera amable, añorada y auténtica sociedad. 

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Tema de portada:
Poder y no poder (Dedicado a D. Pablo Iglesias). Por Carlos Ibáñez Quintana
...Y ahora piden perdón. Por José Miguel Orts
La agonía de la España real. Familia, municipio y nación, tres fantasmas errantes sin patria. Por Santiago Arellano

Publicidad:

Galería Militar Contemporanea, de Editorial Sancho el Fuerte

Actualidad:
Políticas de ayuda a las familias: ¿Qué Familias?. Por Pablo Sagarra
Escuela de politicos. Por Ramiro Claver
Matrimonio y libertad. Por Jorge P. Iglesias
¿Van a militar los jóvenes carlistas?. Por Carlos Veci Lavín
¡Que vienen los rojos! "Podemos" y la descristianización. Por Luis Ignacio Amorós
Masonería en acción. Por Carlos Ibáñez Quintana
El Ébola: Un ejemplo de la hipocresía y el egoísmo del llamado mundo civilizado. Por Fernando López de Prado

Páginas centrales:
Contra el Estado totalitario moderno: Subsidiariedad y Sociedad. Por Efrén Pablos García, presidente de la Asociación Cruz de San Andrés

Vida Tradicionalista:
Comunicado de Impulso Social tras las elecciones. Madrid, 25 de mayo de 2014
Gracias y ¡adelante!. Reflexión del secretario general de la CTC tras las elecciones. Por Javier Garisoain
"Tan tal cual", ¡vamos bien! Por Miriam Gordon González de Aguilar, presidente de Cruz de Borgoña
Pregón y Exaltación de la Santa Cruz 2014. Reino de Valencia. Portal Avant / Círculo Cultural San Miguel de Liria. Por don Baltasar Bueno
Algunas leyes por las que Juan Carlos de Borbón pasará a la Historia. Por Manuel Morillo
NOTA DE PRENSA: Los carlistas ante la "abdicación" de don Juan Carlos de Borbón. Por Junta de Gobierno de la CTC
En la XXVIª peregrinación a San Miguel de Aralar. Discurso leído por José Fermín Garralda, presidente de la junta Carlista de Navarra

Historia y Cultura:
El gremio. Por F. de Contreras
Absolutismo parlamentario y Monarquía tradicionalista. Por José Mª Arauz de Robles
Un nuevo dieciocho de julio. Por Zortzigarrentzale
Alfredo Brañas Menéndez, fundador del Regionalismo Católico-Tradicionalista Gallego. Por Fernando López de Prado
Los oficios intelectuales podrían eludir a la muerte. Por Antonio Rivero Díaz
Critica de libros. ¡Indignaos!, de Stephane Hessel. Por Redacción
Volamos hacia Moscú. Por Pablo Úrbez, crítico de cine

Varios: 
Que alguien haga algo. ¡Organízate!, por Javier Garisoain
BAZAR CARLISTA
AGENDA.

jueves, 1 de mayo de 2014

NUMERO 128 / MAYO - JUNIO 2014


EDITORIAL

Nacionalistas, separatistas y separadores

El nacionalismo ha sido definido, con argumentos de peso y por personalidades de índole diversa, como una enfermedad. Albert Einstein lo catalogó como "enfermedad infantil", otros hablan de él como una dolencia del alma y los pensadores más profundos no han dudado en dar un paso más y condenarlo como una falsa religión. Ya sea en su versión racionalista francesa o en la idealista alemana todos los nacionalismos dislocan el valor innegable de la Patria, de la Comunidad, para situarlo en el territorio de lo sagrado, allí donde todo es serio y grandilocuente, heroico y dogmático.  

Pero la realidad es que las comunidades humanas, todas nuestras patrias queridas, valdrían poco por sí mismas si no tuvieran su fundamento en un fin externo y bueno. Nuestra Patria Hispana es amable en sí misma pero es realmente más digna y más grande cuando está al servicio de Cristo.  Es justo y bueno amar a los padres, honrar a los antepasados, sacrificarse por los compatriotas, pero no es ahí donde termina el amor a la Patria sino sólo donde comienza.

Los nacionalismos españoles, grandes o pequeños, separatistas o separadores, llevan doscientos años de trasiego perpetuo y no acaban de encontrar su sitio en ese péndulo que va desde el europeismo visionario hasta el cantonalismo estrecho. Además, el sistema partitocrático ha sido el caldo de cultivo ideal en el que han medrado esos políticos populistas que tantas veces han utilizado los cariños regionales para camuflar sus vergüenzas, herejías y corruptelas. 

Nosotros los carlistas, sabemos, como explicaba la profecía de las taifas de Menéndez Pelayo, que no encontraremos el equilibrio hasta que no sepamos poner en su sitio las cosas de la vida política y social. Sólo así conseguiremos ordenar nuestros afectos patrios desde lo más cercano a lo más universal. Por eso, en política, somos los únicos que no vemos contradicción alguna al desear una monarquía foral, una España unida y diversa.



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Tema de portada:
Los carlistas no somos nacionalistas. Por Carlos Ibañez Quintana
El nacionalismo es opresor. Por Antonio Rivero
Olvidados por el sistema. Por un cronista
El grito que se dió por Dios. Por Nicolás de Saracho
Las Bases de Montgrony. Por "Somatemps"
"Mi partido político es mi padre". Por José Fermín de Musquilda

Actualidad:
Ambigüedad constitucional. Por Pablo Sagarra
La partitocracia es el problema. Por Diego Hernández-Yllán
Democracia milimétrica. Por Juan Antonio Darder Colom
Xavier Trias y la “desmemoria histórica”: Su tío, Companys y Montjuïch. Por "Somatemps"
Reacción vecinal. Por Carlos Veci Lavín
Después de la concepción (y nacimiento) viene la infancia. Por Jorge P., Delegación Carlista de Vida y Familia

Páginas centrales:
Infografía: nacionalismo en España

Vida Tradicionalista:
Discurso en la presentación de Impulso Social en Ermua (Vizcaya). Por Carlos Ibáñez Quintana
Celebraciones por la festividad de los Mártires de la Tradición. Bocairent (Valencia). Por Redacción.
Declaración ante el túmulo de Bocairent. Por José Miguel Orts
Conferencia en Barcelona en homenaje a los mártires católicos. Por Redacción.
Javierada 2014. Por Redacción.
Exito de manifestacion provida en Pamplona. Por Redacción.
Discurso en Quintillo 2014. Por José Bustinza.

Historia del carlismo:
Francisco Canals Vidal: “Catalanismo y Tradición catalana". Por Guillermo Elizalde Monroset
Doble abdicación. Juan Carlos I: ¿Hacedor de la III República?. Por Javier Barraycoa
Sobre las banderas autonómicas: de las patrióticas a las traidoras pasando por las inventadas. Por Manuel Morillo
Pereda tradicionalista literario. Por Agustín G. de Amezúa 
Los carlistas en coaliciones electorales. Por Jorge P. Iglesias
Los Carlistas ante la Gran Guerra. Por Carlos Veci

Varios: 
Que alguien haga algo. Por Javier Garisoain 
BAZAR CARLISTA
AGENDA.